La Maruga: Sonajero Metálico Afrocubano y Chachá

1/27/2026
by Jon Griffin

Un agitador afrocubano y sus variantes caribeñas

Cuando pensamos en la percusión afrocubana, instrumentos como la conga, el bongó y las maracas vienen inmediatamente a la mente. Pero hay otra familia de instrumentos que merece mayor atención: la maruga, también conocida como chachá en el oriente de Cuba. Este agitador metálico representa un caso de estudio fascinante sobre cómo las tradiciones musicales africanas se adaptaron a los materiales y contextos del Nuevo Mundo.

¿Qué es una maruga?

El término maruga en Cuba es maravillosamente elástico, aplicado a diversos instrumentos de sacudimiento que comparten una característica común: un cuerpo metálico con un mango, diseñado para ser agitado. A diferencia de la maraca, hecha de güira, la maruga es claramente metálica, típicamente fabricada en hojalata o cobre, con pequeños objetos en su interior que crean percusión cuando el instrumento se agita.

Curiosamente, en el español cubano, maruga es también un adjetivo que significa "inútil" o "despreciable", y en el argot moderno, "mal pagador". Este curioso doble significado insinúa los orígenes humildes y populares del instrumento, aun cuando desempeña roles vitales tanto en la música sacra como en la secular.

Diversidad morfológica

Lo que hace a la maruga particularmente intrigante es su notable variedad de formas. Fernando Ortiz, en su estudio exhaustivo La Maruga, documenta varios tipos distintos:

La forma bicónica: Quizás el tipo más común consiste en dos conos huecos soldados por sus bases, con perforaciones que crean patrones decorativos. El mango emerge de un extremo truncado. Este diseño puede presentarse con conos completos o truncados, creando variaciones sutiles en sonido y apariencia.

La configuración horizontal: En otra variante, el mango emerge del punto de unión de los conos, que se posicionan horizontalmente, perpendiculares al mango. Este tipo, de unos 30 centímetros de alto, tiene especial significado religioso. Entre los practicantes lucumíes, está dedicado a Yemayá y se llama acheré. Los arará lo llaman assongüé y lo usan extensamente en su culto a Ebioso (sincretizado con Santa Bárbara), denominándolo anama joki, literalmente "llamada a Ebioso".

Instrumento Chachá Web

El chachá del oriente cubano: En Santiago de Cuba, Guantánamo y las zonas circundantes, donde las tradiciones de la tumba francesa permanecen vivas, las marugas metálicas son fundamentales en la música bajo el nombre de chachá. Estos instrumentos suelen estar adornados con cintas multicolores y se agitan por encima de la cabeza durante las actuaciones, creando un espectáculo tanto visual como sonoro.

El tipo cilíndrico: Otra forma común presenta un cuerpo cilíndrico con tapas planas en ambos extremos y un mango insertado en el centro de su longitud. Este diseño, claramente influenciado por las tradiciones haitianas, muestra la polinización cruzada de culturas musicales a lo largo del Caribe.

Conexiones transnacionales

La historia de la maruga se extiende mucho más allá de Cuba. En Haití, el término chachá se refiere específicamente a lo que los cubanos llaman maraca, mientras que tchanchá designa el agitador metálico adornado con cintas utilizado por la tchatchá (directora del coro femenino) en las danzas recreativas. Esta superposición lingüística revela la compleja red de intercambio cultural a lo largo del Caribe.

En Martinica, chacha se refiere a una caja cilíndrica de metal que contiene pequeñas piedras. Un ejemplo particularmente fascinante que Ortiz observó en el París de los años 1920, en el cabaret Le Bal Colonial, presentaba un cilindro de hojalata de medio metro de largo con múltiples perforaciones y dos asas, tocado por un músico que lo sostenía con ambas manos. Este instrumento reemplazaba el par de maracas típico de los conjuntos cubanos, aunque Ortiz señala que ofrecía menos complejidad rítmica que dos maracas independientes, o incluso que una sola, dada la capacidad de la maraca para movimientos más rápidos.

Primos brasileños: la familia del chocalho

La contribución de Brasil a esta familia de instrumentos es particularmente rica. El término genérico chocalho abarca múltiples formas, con variaciones regionales llamadas xexeréadjáganzácanzácaracaxáxeque y xeque-xeque. La musicóloga brasileña Oneyda Alvarenga identificó al menos cuatro formas distintas de chocalho metálico, que van desde dobles conos con mangos estrechos hasta esferas de hierro y recipientes elaborados con placas vibrantes adosadas.

Una variante brasileña especialmente interesante es la pernanguma o prananguna: una lata grande, redonda y aplanada de unos 30 centímetros de diámetro, rellena de perdigones o municiones de plomo, con dos asas. Los intérpretes hábiles podían extraer una gama notable de sonidos —chirridos suaves, golpes violentos, toques delicados— manipulando la forma en que los perdigones se movían en su interior.

Contextos sacros y seculares

Lo que más me llama la atención de la maruga es cómo tiende un puente entre las esferas sacra y secular. En las tradiciones de origen yoruba, las marugas adornadas con cuentas y cintas azules sirven como acherés rituales para la diosa Yemayá. Estas versiones ceremoniales sacrifican potencia acústica en favor del significado simbólico: su sonido es deliberadamente apagado, apenas audible, pero su presencia en contextos litúrgicos sigue siendo esencial.

Contraste esto con el exuberante chachá de los conjuntos de tumba francesa, donde el volumen y el impulso rítmico tienen prioridad. La misma tecnología básica cumple funciones musicales y sociales radicalmente diferentes según el contexto, la decoración y la práctica interpretativa.

Cultura material y sonido

La elección del metal importa. Ortiz señala que las marugas de hojalata, por comunes que sean, tienden a oxidarse rápidamente por el sudor de las manos y producen un sonido más áspero. Las versiones de cobre permanecen pulidas, brillan hermosamente y ofrecen una calidad tonal superior. La pintura disminuye el sonido. Las coberturas de cuentas prácticamente lo eliminan. Cada elección de material representa una negociación entre prioridades estéticas, espirituales y sonoras.

El batón: un híbrido singular

Una variante particularmente llamativa merece mención especial: el batón utilizado por la mayora de plaza en las tradiciones del oriente cubano. Este instrumento combina una gran maruga bicónica en la parte superior de un bastón de hojalata de un metro de largo, sostenido por una estructura metálica. Originalmente, pudo haber funcionado como una "maruga de bordón", con el bastón golpeado contra el suelo mientras la maruga sonaba arriba. Hoy sirve principalmente para marcar el ritmo fundamental —como la batuta de un director— mientras otros chachás ejecutan los complejos patrones de relleno (remplissage) característicos de la música de origen africano. El batón es indispensable para la danza del babulé.

Conclusión: la metalización como adaptación

La maruga ejemplifica lo que podríamos llamar metalización creativa: la transformación de instrumentos africanos hechos de güira en equivalentes metálicos del Nuevo Mundo. Esto no fue una mera sustitución, sino una auténtica innovación. Hojalateros y artesanos desarrollaron nuevas formas, adaptaron funciones religiosas y sociales, y crearon instrumentos que podían ir desde objetos rituales silenciosos como un susurro hasta un acompañamiento de danza atronadoramente sonoro.

Ante la posible pérdida de los instrumentos tradicionales de güira frente a las importaciones producidas en masa —una preocupación que Ortiz planteó hace casi 70 años—, la maruga nos recuerda que las tradiciones musicales siempre han adaptado su cultura material preservando al mismo tiempo las funciones rítmicas y espirituales esenciales. La maruga no es un sustituto degradado de instrumentos africanos "auténticos", sino más bien evidencia de la inteligencia musical africana interactuando creativamente con nuevos entornos y materiales.

La próxima vez que escuche música afrocubana, preste atención a ese brillo metálico que corta entre los tambores y las voces. Esa es la maruga: humilde, versátil, y portando siglos de intercambio cultural del mundo atlántico en cada sacudida.


Para los lectores interesados en una exploración más profunda, el estudio exhaustivo de Fernando Ortiz "La Maruga" (parte de su obra en varios volúmenes "Los Instrumentos de la Música Afrocubana") sigue siendo la fuente definitiva sobre estos instrumentos, documentando su construcción, variaciones regionales y contextos culturales con un detalle inigualable.

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