El Ekón y sus parientes: hierro, ritmo y poder sagrado en la música afrocubana

6/20/2026

Entre los muchos instrumentos que dan forma al sonido distintivo de la música cubana, pocos llevan tanto peso histórico y ritual como el ekón: una campana de hierro sin badajo cuyas raíces se extienden por África occidental y central, y cuya resonancia atraviesa siglos de diáspora, secreto y ceremonia.

¿Qué es el ekón?

El ekón es un instrumento de percusión metálico e idiófono, fabricado con dos planchuelas triangulares de hierro soldadas por sus lados, dejando un extremo abierto para formar una cavidad lenticular. El músico lo sujeta por el mango en la cúspide y lo golpea con un palito de madera. No es un cencerro, como se suele creer erróneamente. El cencerro tiene un badajo suspendido en su interior; el ekón no tiene lengua y se percute externamente.

Fernando Ortiz, el etnólogo cubano cuya monumental obra Los instrumentos de la música afrocubana (1952-1955) sigue siendo el estudio definitivo sobre el tema, fue muy claro al respecto. Como señala, la semejanza de la forma exterior del ekón con una campana llevó a los organógrafos a clasificarlo entre las campanas, pero el instrumento merece una categoría propia.

Orígenes africanos

El ekón es indudablemente de origen africano. A lo largo de la costa occidental de África aparece bajo muchos nombres y en muchas formas. Entre los efik del Calabar, fundadores de la sociedad secreta del ñañiguismo, la palabra ekón significa guerra, y su raíz, ñkon, deriva del verbo koñ, que significa dar un golpe seco y agudo, como un martillazo. Según la tradición, el instrumento fue incorporado a la música ñáñiga por los iniciados de tierra Mutanga.

Las variantes de este instrumento se documentan en una extensísima área geográfica. En Dahomey (actual Benín) se conoce como ogán, oggán o kpanlingán; en el Congo, como ngóngui; en Angola, como engonguí; entre los hausas del Níger, como kuge. Entre los baulés de Costa de Marfil se llama lauré. Las versiones de campana doble han sido documentadas desde los hausas sudaneses hasta Angola, y se han encontrado campanas dobles de hierro incluso entre las ruinas de Gran Zimbabue.

Ortiz propuso tres categorías tipológicas principales para estos instrumentos en Cuba:

  • Ekón: la forma de campana simple, típica de las tradiciones carabalí y abakuá
  • Oggán: una variante más ancha y plana usada por las comunidades dahomeyanas (ararás)
  • Kangá: la forma de campana doble (jimaguas), asociada a las comunidades lucumí, arará, iyesá y yebú

El ekón y las sociedades secretas abakuás

Para comprender el lugar del ekón en Cuba, hay que entender las cofradías abakuás: las únicas sociedades secretas africanas que fueron trasplantadas a América siguiendo un modelo institucional africano. Originarias de la misma zona costera del Calabar que los cabildos carabalí, estas organizaciones exclusivamente masculinas tenían sus raíces en las sociedades de máscaras ibibio. Practicaban cultos centrados en los ancestros y la adivinación, y en África habían organizado redes comerciales, incluida históricamente la trata de esclavos, con mercaderes europeos que operaban desde la ciudad de Calabar (Mirabeau, The Cabildos Carabalí in Santiago de Cuba).

Entre los abakuás en Cuba, el ekón es el instrumento por excelencia de la autoridad ritual. Se utiliza para convocar al Ékue, el ente misterioso y temible en cuyo misterio se basan toda la cosmología y la mitología ñáñiga, y para llamar a los íreme, las figuras de espíritus enmascarados (a veces llamados "diablitos") que aparecen durante las ceremonias. De manera significativa, es el único instrumento metálico que puede entrar en el fambá, el espacio sagrado del templo.

Ortiz establece un paralelo revelador entre el ekón y el sistro egipcio: ambos son instrumentos de hierro de uso litúrgico, ambos se cree que convocan espíritus y ahuyentan el mal, y ambos tienen un profundo peso simbólico en cosmologías que consideran el hierro una sustancia sagrada, incluso mágica. Entre muchos pueblos africanos, el hierro era el material primordial, nacido del fuego, la tierra y el viento, y quienes lo trabajaban eran considerados poseedores de poderes sobrenaturales. El sonido del hierro era la voz del mundo ancestral.

A través de la diáspora: Haití y el ogán/trián

El viaje del ekón no se detuvo en Cuba. En Haití, una campana llamada ogán se usaba en la ceremonia del vodú, estrechamente emparentada con el ekón africano, aunque este uso ha ido desapareciendo gradualmente. El músico que toca el ogán recibe el nombre de oganteyé.

En las comunidades haitianas que se asentaron en Cuba, un idiófono relacionado sobrevive bajo el nombre de trián (o triyang): una pieza metálica plana que se golpea con una baqueta. El nombre probablemente deriva del triángulo (triángulo), un idiófono similar muy utilizado en la música popular haitiana. En las tradiciones musicales haitiano-cubanas, el trián ejecuta una figura rítmica alrededor de la cual se articula todo el polirritmo del conjunto, un papel que refleja de cerca la función estructural del ekón en la música ñáñiga y abakuá (Mirabeau, Musical and dance traditions of Haitian communities in Cuba).

Este paralelismo es revelador. Ya se llame ekón, ogán o trián, la campana de hierro en la música afrodiaspórica casi siempre cumple la función de ancla rítmica: el punto fijo alrededor del cual giran los elementos más fluidos e improvisados del conjunto.

Sonido y lenguaje

El ekón no es simplemente un marcador del tiempo. En el ritual abakuá, funciona como un lenguaje codificado. Ortiz documentó un sistema de señales rítmicas utilizado por el ekonista para comunicarse con el íreme:

  • Un golpe cerrado (kon) = un saludo
  • Dos golpes cerrados y rápidos (ko-kó) = vete
  • Ko-kokokó-kokín = ven aquí
  • Kokín-kokin-ko-kokó = que baile
  • Kokokokín-kokokokín, rápido e insistente = alerta, hay peligro

Los golpes lentos y graves indican solemnidad y misterio; los golpes rápidos y agudos señalan exaltación y regocijo. El sistema es telegráfico más que fonético, más cercano en su lógica al código Morse que al habla.

El instrumento también produce dos alturas distintas según dónde se golpee: golpear en la parte inferior más ancha produce una nota, mientras que golpear cerca del mango produce otra. Esta bitonalidad es fundamental para su vocabulario rítmico y para el polirritmo en capas de los conjuntos ñáñigos e iyesás, donde dos ekónes pueden tocar juntos combinando sus notas contrastantes en patrones entrelazados.


Una nota sobre el cencerro

Ortiz se cuidó de distinguir el ekón del cencerro, argumentando que el cencerro es una campana completa con badajo interior. Tenía razón respecto al cencerro europeo tradicional. Pero el cencerro tal como evolucionó en la música popular cubana cuenta una historia diferente. El instrumento que se toca en las orquestas de son, salsa y timba no tiene badajo y se percute externamente, lo que lo hace organológicamente mucho más cercano al ekón que a cualquier campana ganadera. El nombre quedó del español para las campanas del ganado, pero el instrumento siguió su propio camino.

Lo que probablemente ocurrió fue un proceso de secularización y adaptación cultural: la campana de hierro sagrada del ritual abakuá perdió su identidad ritual, adquirió un nombre más familiar y reapareció en la orquesta popular haciendo exactamente el mismo trabajo: anclar la línea rítmica para todo el conjunto. El ekón no desapareció tanto como cambió de traje.

De lo sagrado a lo popular

Hoy el ekón ha viajado mucho más allá de los espacios rituales del fambá. Los ekónes simples y dobles son ya elementos habituales en las orquestas típicas, los conjuntos callejeros y los grupos de folklore afrocubano, donde su brillo metálico atraviesa la percusión y los vientos para marcar el ritmo para bailarines y público. Ortiz señaló esta transición: instrumentos que antes se ocultaban cuidadosamente a los no iniciados se exhiben ahora abiertamente como marcadores de la identidad cultural cubana y, en ocasiones, como atractivo exótico para los turistas.

Pero los orígenes sagrados del instrumento nunca están del todo ausentes. Cuando el ekón suena lento y grave en la oscuridad ceremonial de un rito abakuá, sigue llamando a través de una frontera muy antigua: entre los vivos y los muertos, entre este mundo y aquel al que el hierro siempre supo llegar.


Para seguir leyendo

  • Ortiz, Fernando. Los instrumentos de la música afrocubana. La Habana: Publicaciones de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, 1952-1955.
  • Mirabeau, Daniel. Musical and dance traditions of Haitian communities in Cuba.
  • Mirabeau, Daniel. The Cabildos Carabalí in Santiago de Cuba. 2014 (versión 3, revisada 04/12/2019).

Etiquetas: ekón, abakuá, música afrocubana, idiófonos, campana de hierro, ñañiguismo, ogán, trián, Haití, etnomusicología, Fernando Ortiz

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